Mi zapatero de la fuente nueva¿Cómo es que nuestras sandalias, y zapatos, se sostenían largo tiempo? Varias veces al comprarlos, mi Mama me los obtenía siempre de una talla más grande. Sabía bien de que con el tiempo crecería, y nos fuese dificultoso económicamente de adquirir unos nuevos pares. Pues la solución era simple, poner unas cintas de periódicos en forma de una bola e insertarlos dentro del calzado. Era una buena forma para que ese zapato durase largo tiempo.. ¿Que sería entonces de los tacones que se dilapidaban tan rápidamente? El recurso era de poner unas chapas de metal, en ellos y bajo la suela del calzado. Lo que causaba muchos deslizamientos, y resbaladizos. Pues ya ves a bailar el zapateado!Las sandalias se cubrían de unas capas de cauchó que se extirpaban de las ruedas de vehículos, las cuales dejaban marcas negras como del alquitrán en las losetas del patio. Ahí los gritos de mi Mama, que con sus puños frotaba esos rastros con tanta dificultad.Los tacones de mi Mama y Hermana necesitaban continuamente ser sustituidos. Es cuando me mandaba al zapatero el cual se ubicaba en un pequeño, y oscuro taller. El señor de uno 70 años, Ismael, se le veía fuerte, de pocos cabellos y unos ojos verdes. Sus dedos gordos y gruesos estaban cubiertos de una cola espesa, de color jade donde se le notaba cortes y rojuras. Un medio guante de cuero cubría su mano derecha, la cual utilizaba para cortar el cuero, con un cuchillo bien afilado. Su torso cubierto de un delantal de cuero bien usado tras tanto tiempo. Entre sus piernas mantenía una horna de madera y la clava de forma, donde ponía el zapato, manteniendo los pequeños clavos entre sus labios. Un martillo de remendón, aplastaba y fijaba la piel. Para poder coser esa gruesa piel, practicaba varios agujeros. los cuales se requería el uso de un escarificador. Los bordados de adorno solicitaban una elaboración costosa. En el fin de apuntarla, el practicaba agujeros donde pasaba una cierta cuerda. El martillo a veces estaba magnetizado para facilitar el manejo de unas pequeñas agujas. Todas esas herramientas, me recordaba a un cortador de sastrería. Aun recuerdo el sonido de los martillazos.Al mudarnos a la calle Goya, el taller de Ismael nos quedaba lejos. Es cuando llevaba las sandalias, los zapatos de tacones mis botas y los bolsos de mi Mama al Señor Ponte que EPD en la calle Viña,Hoy en día, apenas quedan algunos de esos artesanos. Se ha sustituido la piel de cuero por vinilo, las suelas de por goma el interior de los calzados de una tela sintética, y de ningún modo se obtienen zapatos de nuestra talla.Gracias por leer este largo relato.