Recorder es vivirEstaba el festival del sacrificio "Eid Al-adha" que conmemora el regalo de Dios de un carnero en lugar de Ismael, a quien Dios había ordenado que Ibrahim sacrificase. En la mayoría de los barrios donde habitaban algunos musulmanes, en nuestro idolatrado Tánger, incluyendo en el “Patio Eljarrat”, esas familias, sacrificaban varias ovejas tal como carneros. Las volcaban en el pavimento, atando sus piernas, y con un cuchillo bien afilado las degollaban, produciendo así, sonidos y arrullos bien comunes como “Baa”, o “Meeh” así, descargando sus continuos orines. Era un llanto agudo, perpetuo e impertinente.El “Patio Eljarrat” era una composición de Judíos, españoles, italianos, franceses, católicos, y musulmanes, todos, cohabitando en pura armonía. Durante ese día, era el festejo, del sacrificio, después de la matanza, derramaban la sangre de las ovejas, en un pequeño balde. Inmediatamente, las colgaban con una gruesa cuerda, y con un cuchillo bien afilado les despojaban la lana que luego les servía para colmar sus colchones. Extirpaban prontamente los órganos principales, tal como el retículo, rumen, abomaso, los intestinos, el corazón, los púlmanes y los colocaba en una inmensa palangana de zinc. La carne se repartía entonces pues, entre ellos, los pobres, amigos y vecinos. Aun se oteaba un río de sangre que goteaba por el camino pavimentado, asía los caños. Algunos inmediatamente hornearán al carbón, trozos de hígado, corazón y grasa. El olor de carne quemada, se me volvía irresistible. De muy pequeños, mi hermano Marcos, primo Messod y yo, nos encantaba observar esa operación siendo un momento tan caótico.Era también si no erro el tiro, cuando decoraban las calles y avenidas con palmeras, en forma de arcos. La calle Italia, el Zoco chico tal como el Boulevard Pasteur y otras arterias. Esas se convertían en Oasis de hojas de palmeras entre ellas sus diversidades de decoraciones, de luces de color rojo y verde con sus bombillas, Philips. Las banderas rojas con su estrella verde de cinco picos, ordenaban los arcos. No acaecía cualquier división, opresión entre varias clases de religión. Ojala el mundo cópiese de esa maravilla amalgama de culturas, y cultos. Éramos todos UNIDOS MARROQUIES TANGERINOS, los de Zarragas los de de Aguilar los de Mancinni, los de Al-Husayn, todos cohabitando en paz y cariño.