17 September 2022 à 20:53
RECORDAR ES VIVIR***Homenaje a mi tío Miguel Benadiba***Mi tío Miguel de antepuesta profesión como ebanista, trabajaba en la “zona franca” puerta de entrada al mercado africano e internacional"; del puerto de Tánger. Una vez al año mí papa me llevaba con mi hermano Marcos al puerto, admirar los barcos mercantiles, de pescas y ante todo, la majestuosa e imponente grúa llamada el “Titánic”. La entrada era impedida a todos menos los trabajadores del puerto. A su acceso, a penas expresábamos el nombre de mi tío Miguel, el guardia nos proporciona una entrada libre. Mi tío era responsable de una parte de esa zona. Los barcos descargaban sacos de arroz, frijoles, azúcar, café los cuales bajo su ordenanza, los empleados los desembrazaban sobre sus espaldas y los colocaban en montañas, rectangulares. Entre su oficina y la planta baja, se escuchaba sus mandatos. Debido a esa posición de élite. El estaba económicamente bien y no requerían ninguna ayuda financiera o beneficio de la "Comunidad Judía", llamada entonces en español "Comunidad Israelita". El era un hombre serio, formal, elegante, sensato de un buen físico, jamás sonreía, estricto, con sus bigotes finos, alineados y cortado al estilo Clark Gable. Su cabello rizado se lo peinaba con su brillantina, llevando siempre sus famosas lentes, de marco negro. Pero al fin y al cabo era un individuó dulce de un corazón tierno, que ocultaba siempre en sí mismo. Jamás se corrupto o fue deshonesto al contacto de individuos envueltos en la red del contrabando o de ilícito trafico.Mi tío y mi tía eran considerados en Tánger como parte de la clase media. El ganó todo el respeto de su mejor amigo y director de la zona, el principal director del puerto el señor Conciensa. Este británico de nombre español era bien hablado pero muy contundente, categórico y directo con sus trabajadores. Mi tío y él eran muy unidos y solían reunirse todos los fines de semana. Mi tía, Mary, EPD, nos invitaba a todos a cenar. Había, sopa, carne ensalada, gaseosa, vino, en la mesa, pasteles y galletas, y claro su cognac. Vivían en un apartamento amplio y descomunal en la calle “Fermin Salvochea”, el cual se contaba con seis habitaciones y una cocina grande, y evidentemente la ayudanta Rifeña (Aichita). Era un perfecto hotel recibiendo toda familia presentándose del extranjero.El comedor era espacioso y largo. En el comedor, mi tío guardaba su vino dulce portugués preferido, el “Porto” y otro, en un pequeño barril. También le fue entregado por varios capitanes de barcos, fondeando en el puerto, todo tipo de licores y en especial su whisky favorito, el Johnny Walker, la marca de whisky escocés originaria de Escocia, el cual se guardaba bajo llave en un gabinete anticuado. Recuerdo bien su disfruto al sentarse en la mesa, como un jefe de autoridad, utilizando los utensilios, bien alineados, como un burgués, y su servilleta bien bordada, reclamando la mostaza piquante que solía ponerla en su plato. Era un placer verle como el almorzaba, Con qué gusto y amor. Era su mejor momento.Al inmigrar al Canadá, el hecho de estudiar una nueva lengua, cambio de cultura, su personalidad fue de por si afectada, ya no era el patrón, el señor de tantos empleados, ya no era el dirigente tan respetado y amado. Se convirtió solo en un empleado de un almacén de venta de periódicos italianos y otras accesorias. Cuando se convirtió luego en un gran fan del hockey.Y es así como le recuerdo, un hombre, honesto, con un alma de caridad, respetuoso y humilde.
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