RECORDAR ES VIVIRMI “LIMPIABOTAS”Se tiene que admirar a esos chicos o señores Marroquíes, que lindaban por ganar y sobre todo sobre vivir. No existía ayuda gubernamental, social, suplementaria o ningún tipo de apoyo monetario. Era ineludible atarearse para mantenerse aunque familiares o amistades los asistían y arrimaban el hombro.. Los desamparados inventaban y concebían ocupaciones tal como los preparadores de calentitas, los del “Jaban Koulouban”, de los piruletas, chupetes, los mercaderes de “blaklawa”, cacahuetes, almendras, garbanzos con su comino, pipas de girasoles, o de calabaza tostadas, y por supuesto, los llamados “Limpiabotas”Los Limpiabotas o lustrabotas esa ocupación en la que el individuo limpiaba y pulía los zapatos y luego aplicaba una pasta cerosa para darles una apariencia brillante. A menudo se les conocía como limpiabotas porque tradicionalmente era una faena que mayormente realizaban niños varones o señores de la edad de oro.Deberíamos estar orgullosos de ellos, ya que allí trabajaban largas jornadas, por la esquina del cine, Alcázar, en la calle Italia por la arista del café Colon, o varios en el boulevard Pasteur. Ellos se asentaban en un banquito, a la espera de cualquier cliente en deseo de lograr sus zapatos o botas lustrados por solo unos centavos. Apenas se le planteaba un cliente, que se presentaba de pies contra un muro. El limpiabotas ponía su calzado en un reposapiés de una caja de madera, toda, abatida, tras el tiempo.Esa arca de almacenamiento, noticiaba cepillos de limpieza para los calzados, bruzas aplicadores, betún, de marca Kiwi. También disponían de varios trapos, uno para el marrón y el otro para negro y claro un calzador ya oxidado. Enseguida al poner el pie en el reposapiés, que se le colocaba dos cartas de juegos entre las medias y el calzado para no manchar los calcetines, se aplicaba entonces la crema con su cepillo de aplicador, Prontamente los restregaba con excitación, lanzado como un malabarista el cepillo de una mano a otra, Que agilidad! que rapidez!. Sin demora, con el largo trapo frotaba los zapatos, cantando cortes de sus preferidas canciones.El limpiabotas lustraba de alegría cuando el cliente le otorgaba unos reales. El las lanzaba rodando desde un extremo de la caja, como el giro de un trompo, golpeando las cuatros lados del arca.