Recordar es vivirMi barbero EmilioMi papa nos llevaba al barbero en la calle “Nacería” ubicada en la fuente nueva. Justo allá moraba mi intrínseco amigo de infancia David Lahmani según él, en el numero 75, justo a un pequeño fondac, una hospedería convertida en restauran. A menudo nos comprábamos unos pastelitos de patata.Frente por frente se situaba una pequeña barbería dirigida por el señor Emilio. Era de origen español., de estatura desciende, de pansa bastante pronunciada. Siempre con una camisa blanca, unos pantalones negro y sus anchos tirantes de elástico. De fisionomía tenía un aspecto un poco fuera de lo ordinario. El era de poco cabello pero lo que me intrigaba era antes de todo esos lentes de moldura negra. El era bizco.–haciendo que los ojos no se enfocaban en hacia la misma dirección. En una pequeña mesa contra el muro, se observaba herramientas como las maquinillas manuales las cuales, las agarraba con la palma hacia abajo, colocando la traba sobre el dedo gordo y la otra traba entre el dedo índice y medio. También se exhibían, tijeras de corte, productos para barba y bigote, talco y astringentes, cremas de afeita, jabones limpiadores, cepillos, peines y claro la navaja la cual sacaba filo con un cuero en forma de correa que colgaba ajunto al espejo. En una estantería colocaba brochas de afeitar y plumeros para el cuello, contenedor amarillo, cera, y geles. En el muro se fijaban unos carteles de toreros de la plaza de toros de Madrid como Paco Camino Manuel y Benitez el Cordobes.El utilizaba unos productos muy corrientes, agua de colonia de bajo grado, unos jarrones con su pompa de caucho y claro algodones y sus toallas blancas.El requisito de my padre es que me hiciera un buen corte así que duraría mucho más tiempo. Cosa que odiaba. Aun recuerdo verme con esa catadura, pronunciado mis ojos verdes castaños, grande como un par de huevos. Emilio utilizaba la maquina manual la cual durante su esgrimió me arrancaba el cabello, causando dolor cuando se atrancaba. Es porque era vieja y la faltaba un buen filo. Parece que Emilio no era bizcó de nacimiento. Aparentemente tras un ataque cardiaco, el se consideró clínicamente muerto. Mientras era transportado así el cementerio español, el conductor ausculto un ruido proveniente del sarcófago. Se detuvo y abrió maliciosamente el ataúd. Es cuando Emilio se mantuvo de pie, como una estatua, rígido y entumecido. Como consecuencia de su sorpresa y espanto, fue así que sus ojos negros se cucaron.