23 November 2022 à 00:11
RECORDAR ES VIVIRMi afilador de cuchillos,El patio “El Jarrat” y la “huerta Benoliel” en la cuesta del “Alcazaba” en mi querida ciudad de Tánger, fueron los centros que más han grabado en mi mente, mis memorias infantiles. Cada semana, surgía en el patio al oído de una pequeña campana nuestro afilador de cuchillos. Era pues, como un silbido, anunciando su acerco.El señor montaba, en un cuadro de madera, una pequeña rueda, y una piedra de granito de forma circular la cual la giraba tras un movimiento de pedal. Al verle aparecer, entonces, amas de casa e incluso mi papa, brotaban así el afilador al fin que volviese nuevamente útiles, esos cuchillos, navajas, estajeras e incluso hachas. El era un señor adulto, y orgulloso de su profesión, siempre con su gorra estilo escoses y sus lentes de protección. Su camisa era de color blanco. ya toda perforada a través de pequeños agujeros, dado a los centelleos y chispazos mientras el afilaba,Su tarea de afilador de cuchillos era un afán entrañable y noble la cual se enfrento malogradamente a una extinción. Debido a la cultura, el sistema, desechable implantada en muchos países donde los objetos son usados y luego tirados. Además hay que añadir a esto, la presencia en este mercado de aparatos especialmente diseñados para afilar las hojas de estas herramientas culinarias; se trate de eficientes afiladores que han resultado de gran utilidad tanto para los hogaresEste oficio, como otros oficios tradicionales, eran considerados por todos aquellos que lo practicaban, como un arte; donde se requería gran destreza y precisión al momento de manejar tal prototipo anticuado y construido tan inteligentemente. Era una habilidad que se desempeñaba con orgullo y con gusto.Una vez el terminó del afilo, mi madre le entregaba un par de duros y, a menudo, algunas frutas, nueces e incluso bebidas.Sin ninguna aspiración en riqueza, ellos ganaban los bastante para sobre vivir.
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