08 January 2023 à 20:20
RECORDAR ES VIVIVLos exploradores improvisadosNo tuvimos diversiones, o grandes distracciones durante nuestra época de adolescentes. La televisión o los teléfonos aun no estaban aun disponibles. Estábamos madurando mucho y los juegos callejeros ya no atraían. Fue cuando Elie Benchetrit quien organizó los niños exploradores judíos en Tánger. En el principio estábamos compuestos de un grupo pequeño con: Marcos Edery, Louis Bensadon, Williams Cohen, Kubby, Bendayan, mi hermano Marc y yo. No teníamos financiación, donaciones ni subvenciones. Tuvimos como local, un piso vacante en la “Calle Tetuán”. Este estaba, lleno de polvo, ventanas rotas, cañerías viejas. Era empírico, los baños no estaban actualizados, con tuberías oxidadas, las paredes viejas, moho en las áreas de las duchas y la cocina. Los sanitarios estaban cubiertos de una capa pardusca debido a la oxidación. Las luces de bombillas “Philips” ya, quemadas. Aceptamos el lugar, tal como era. Pasamos tiempo en su limpieza y pintamos algunas habitaciones. Yo me consideraba astuto en el dibujo. Era cuando diseñé en la pared del fondo una gran pantera negra, en la segunda habitación un castor y en la tercera un cachorro. Éramos parte de los cachorros de lobo.No gozábamos de fondos para adquirir un uniforme adecuado. Nuestras mochilas, camisas, pantalones cortos, boinas, cantimploras, botas se obtenían de los excedentes de la segunda guerra mundial, viejos y anticuados ahí, en la Bouarrakia. No había uniformidad en nuestra apariencia. Algunas camisas nos quedaban grandes, así que los pantalones cortos o incluso las boinas. Mi mochila era de un soldado alemán. Estaba lleno de pintura que cubriría la cruz de la esvástica. Para ser aceptados como explorador, asumimos de pasar por diferentes pruebas de resistencia, de obediencia, como caminar en la oscuridad, dejarnos caer en un área de una montaña en un bosque en remotos lugares, y aún poder regresar a nuestra unidad. La mía fue la más repugnante, espantosa y repugnante, ordenada por nuestro jefe, Elie o Elito. Esa ere de “beber mi propi orín”. Me llamaban, entonces, el “niño del whisky” por el color oscuro de la orina que tenía que ingerir.Jugábamos según las bases del autor de la exploración: Sir Robert Baden Powell. También acampaba vamos por las tardes, bajo las estrellas y la luna brillante, junto al arroyo del parque Brook. Elie era un buen líder, una especie de soñador e ilusionista. Siempre quiso compararse al los exploradores franceses los cuales eran bien organizados y fundados. Mi madre estaba un poco entusiasmada, ya que estos ejercicios físicos pudiesen fortalecer mi cuerpo esquelético. Éramos un grupo de niños pobres, mediocres e inoce*ntes*, pero aun alegres.
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