\RECORDAR ES VIVIRAprendiendo a montar en bicicletaEn el barrio del Marshan, dentro de la ciudad histórica de Tánger en el cual durante mis caminadas, disfrutaba de esas vistas espectaculares sobre el estrecho de Gibraltar lleno de esplendores que tuvo mientras se mantuvo el estatuto de “internacional”. Recuerdo bien esos monumentos tan singulares como el Palacio Real, el, Necrópolis fenicia, el estadio de futbol, el instituto Pasteur, el consulado Italiano, el hogar de mi profesor Kuby, Q.E.D y no dejemos la “Yehisva del Marshan”, la escuela religiosa en cual mi Mama, Q.E.D. era la gerente en la cocina.Pues es allí que el señor aun recuerdo su nombre “Youssouf”, nos alquilabas por unas perras, gordas o un duro, según el tiempo, sus bicicletas anticuadas, de cuadros y estructuras aun llenas de oxidó. Las palancas de frenos casi no funcionaban e incluso varios escasos de pedales. Mi hermano Marcos agarraba el asiento, causándome un dolor en el trasero debido al sillín, y me propulsaba así esa carretera de asfalta plena de boquetes, cubiertas de hojas de palmeras secas.El miedo me superaba así sintiendo una cierta stress y angustia lo me causaba continua caídas, dañando mis piernas tan esqueléticas. Es cuando mi Mama, después de cubrirme esas profundas heridas con su espeso mercurio rojo lóbrego, me indignaba toda encolerizada y sulfurada, de no aprender a montar mas bicicletas.