RECORDAR ES VIVIREra cuando my Mama, acompañada de las Señoras: Messody Benayon, la señora Azulay, Messody Bohssira, Carmen y Maribel se dirigían así al café del Monte al fin de gozar y deleitarse de ese té marroquí con su yerba buena, luisa, pétales de naranjas, y claro su amarga Chiba. Es así como ellas pasaban su lindo tiempo, discutiendo sobre las novelas o bien de los actos y eventos diarios. Entre tanto los niños jugaban con una pelota toda hecha de un calcetín desusado de lana, y atascado de papel de periódicos. A veces nos acercábamos a esos magníficos pinos en las plantaciones forestales de ese mayor potencial maderable. Lanzábamos piedras con la intención de hacer caer esas piñas. A pesar de los gritos de nuestras madres, preparábamos con leña, un fuego. Es cuando poníamos a quemarlas. Una vez bien tostadas, con una piedra extrajimos los hermoseos y aromatizantes piñones. Sin paciencia, y insensibilidad, siendo tan glotones, constantemente tragábamos esos pequeños granos dorados. Parte de esos piñones eran ofrecidos a nuestras madres al fin de decorar esos dátiles todo relleno de puro mazapán.