07 September 2023 à 12:11
De mi novela Esperanza en Tanger [https://www.esperanzaentanger.es/](https://l.facebook.com/l.php?u=https%3A%2F%2Fwww.esperanzaentanger.es%2F%3Ffbclid%3DIwAR0zWAau006oP3UTdB_BZBdbW7m1hUnJ_IuwEerGYp6XTiauhuExayjpasU&h=AT0tPeUE0vscXE1O6_-qQbrz2csGgFi3Ef_cwQVopggmw5cOB7ZvDxB-NDSI9gEBg_ONiKwWsr5IGO1DsvM-nKwRzQXmhyCP_OQk_FdhUFcXmwufjQLutEQfMz9mQrVxng&__tn__=-UK-R&c[0]=AT137aclMaExlevJCkxE1Mvf5lJHj4IZzPQseh0wKX3MuneP9c2RDVjT4psc3__rlG0xYkFjEQytEN-j9pg9eV40ChJu9ZICQYDvI8HoBr75Iws_ghQpn2XTulZwabMx_B7o0B0ps40rjiGvmLNOmDBX0hR7TZJ9g_Ds5KRFqx8euYI8YRuC5u9fHmHkAg84lYLvLatWwuhsbe9MU0wvqjk)CAPÍTULO 3[Esperanza]Año 1957, voy caminando muy despacio hacia el mar, bajo por la Cuesta de la Playa,y cuando digo cuesta no solo me refiero al nombre de la calle; las cuestas en Tánger son montañas que hay que escalar, montañas llenas de interminables escaleras. Por fin llego a la avenida de España, pero no me decido a qué balneario ir, así que los voyrecorriendo uno a uno (Miramar, Neptuno, Coco beach, Tres carabelas, Coup de reoulis, Recreativo, Yach club). Entro en el de Los Hoteles asociados, uno de cuyos fundadores fue el hotel Cecil, que pertenecía a mi familia; bueno no me alargo más ycuento lo que vi en la playa y a quien vi.Abdellah me ofrece una cabina y, naturalmente, un sombrilla que ,literalmente, clava muy cerca de la orilla, el griterío de los niños es ensordecedor pero muy agradable, algunos metros mar adentro veo la balsa repleta de intrépidos bañistas que se tiran decabeza desde los dos trampolines; hoy no hace viento de levante y gracias a eso la finísima arena no te molesta en las piernas; los días de levante los granos de arena te hacen un daño parecido al de miles de agujas pinchando tu piel; no descubro nada aldecir que la arena, además de finísima, es de un blanco que deslumbra.Muy cerca de mi sombrilla está Barbarita, la ahijada de Barbara Hutton a la que conocí cuando vino con su, creo, tercer marido, Cary Grant, que por cierto no me pareció tan atractivo como aparecía en las películas, y lo más raro es que no flirteó conmigo, algo habitual en los maridos de raros matrimonios. Bueno, pensad lo que queráis, pero ni siquiera me dio un pellizco al darme un beso al despedirnos.Me acerco a la terraza, está llena de mamás, y oigo que una niña de no más de cinco años le dice a una señora que está con otro niño:—¿Usted es la mamá de Quique?—Sí, bonita. —Le responde.—Pues dígale que no vaya con otras niñas, porque yo soy su novia.
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