22 September 2025 à 01:57
**RECORDANDO NUESTROS AMANTES DOCTORES****Dr. AMRAM AMSELEM**Nativo de Larache tal como mí papa aunque de nivel, económico y estatal diferente, eran unos amigos íntimos. Mi mama transigía de una anemia y temaba las inyecciones u hospitales. Es cuando contacto mi cuñado proponiéndole de traerla en su clínica privada. Malogradamente comprendió su estado cuando decidió de operarla. Desafortunadamente, tenía cáncer en el útero, en las trompas de Falopio y en su vagina. Luego se acercó a mi hermana con su bata blanca, proveniente de la sala de cirugía y con un tono de voz baja y cálida le expuso que no duraría mucho. Siempre dialogaba y comentaba historietas con mi papa.**Dr. MOISE MANY**Con su figura regordeta y su acento, siempre reflejó la imagen de un padre. Fue respetado y se convirtió en un miembro cercano de nuestra humilde comunidad sin ninguna diferencia en nuestro estado económico.**Dr. DANILO COEN**Nacido en Ancona, March, Italia le recuerdo con sus lentes de marco dorado y sus bigotes bien alienado, bien serio. Fue el que me opero 5 veces de las amígdalas, considerándose parte del sistema límbico. Recuerdo bien cuando me enrodaba en sabanas blancas como una momia asentándome en las piernas de la enfermera cuando me forzaban a inhalar ese maldito cloroformo utilizándose ampliamente durante muchos años como anestésico.**Dr.OUITA**Era un hombre bajo, atrevido, de ojos marrones grandes y puntiagudos, orejas largas y anchas con una nariz grande y puntiaguda. Parecía que sus gafas siempre iban a caerse de su horrible hocico. Su mono blanco tenía manchas de sangre. No había anestesia, sus herramientas estaban apenas esterilizadas. Cualquier diente con caries era extraído automáticamente mientras nuestra enfermera nos sujetaba atados contra el asiento, haciendo caso omiso de nuestros gritos frenéticos. Era como una operación masiva, los niños esperaban afuera de la clínica escuchando el llanto y los chillidos.**NUESTRA QUERIDA MARGARITA**Margarita, una simpática rubia de ojos azules. Todas las mañanas nos obligaba a tragar vigorosamente una cucharada de aceite de bacalao. Iba de clase en clase llevando su enorme botella en la mano derecha y su cuchara de plata.
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