01 September 2024 à 11:47
ROMINA/JUANITAPor fin pude ver a Romina Sánchez en plena y maravillosa transformación espacio-temporal. Ya fue mi Jane Bowles hace más de una década. Ayer, durante hora y media casi, Romina se convirtió en la Juanita Narboni de Ángel Vázquez con la dirección y filtro de Gutiérrez Aragón. Pero también y a la vez en todas esas mujeres que transpiraron la piel húmeda del Tánger Internacional, esto es y por ejemplo, mi madre, mi abuela, mis tías… Toda aquella generación que quedó suspendida en el aire tragicómico de un tiempo y una crónica que según pasan los años, casi los siglos, parece irreal, inventada para el drama y la comedia. Y Romina/Juanita se convirtió en la espiritista de la gracia, la ternura, la mala leche, la hipocresía llegado el caso, el desgarro… En fin, en la soledad. Solo queda una función, el sábado de viene, y pobre de aquel que pierda la oportunidad de encerrarse en ese cuarto de los juguetes -todos rotos- que tan bien representa Romina sobre La vida perra de Juanita Narboni.Y hablando de Vázquez, cuya Juanita tiene tres o cuatro adaptaciones audiovisuales, no sólo es el tino y tono con el que podía escribir y describir, sino lo que significa él como homúnculo de la marginación del arte por el “arte de la parte”, de las cuentas de estos mercados tan “selectivos”. Vázquez (mal)vivió sus últimos días en una oscura pensión de la calle Atocha a la que llamaba “la casa de Drácula”, bebiendo -en exceso- y pagando con clases a los hijos de su casera o del dueño del bar, no recuerdo. Me lo contaba Pepe Hernández que vivía enfrente y que se preocupaba por él como otros muchos. Pero Vázquez de tan peculiar era universal en su peculiaridad, era difícil de ayudar, no por su disposición sino por su condición, vivió en un mundo de “eterno derrumbarse” que se disponía entre Tánger, Málaga y Madrid con unos contrastes severísimos salvo en la de las condenas por condición y estatus. En eso Vázquez era poca cosa. Era el hijo de Mariquita la sombrerera, apocado, alcohólico y homosexual. Nadie podía ignorar a esas alturas de que había un titán literario malmuriendo, había ganado el Premio Planeta, cuando eso significaba algo y ya había parido y publicado La vida perra de Juanita Narboni, pero vivía como dicta la sagrada orden de la bohemia no pretendida: mal y -quizás- sin saber que a pesar de eso era libre.Cuando murió, sus amigos (Pepe, Sharon, Emilio, Domingo…) le organizaron un a modo de funeral (no lo sé) y creo que fue Eduardo Haro Tecglen el que contactó con Lara por si Planeta quería aportar algo a la causa. Lara le comentó que tenía una pequeña fortuna en royalties por sus publicaciones en la editorial que no había reclamado nunca. Bueno, a esto voy. No se le ocurrió a Lara o algunos de sus mil contables localizar a Vázquez para liquidarle lo que se le debía. No. No, porque en esa versión del dios Mercator y pre-ADE eso no se da. Si debes, te lo pedirán. Si te deben, es tu problema. Vázquez lo que no debía tener es ni la más mínima idea de si tenía, le debían o debía (esto sí lo sabía porque se lo recordaban).En Vídeo_En_Las_Venas (2019) Alejandro Lavilla explicaba que los artistas vienen a estar para crear, muchas veces a su pesar, que también se sufre mucho para hacerlo bien, y que otros con singular talento para la gestión vienen para convertir eso en producto, que es otra forma de arte.Juanita/Romina/Vázquez/Gutiérrez Aragón deberían prolongarse mucho más en el tiempo y en el tiempo.
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