14 June 2024 à 23:50
Trágico accidente del vuelo Málaga-Tánger de la compañía "Iberia".Al observar el póster que realicé, allá por el 2001, para el especial de la Revista "Fomento" (dedicado a la Aviación Española) me percaté de la presencia del modelo de avión que se estrelló en la costa de Tánger en los años sesenta; y que nos dejó conmocionados.Ocurrió un miércoles del 31 de marzo de 1965: el accidente de un avión de "Iberia" en los alrededores de la costa oeste de Tánger (a sólo siete kilómetros de la playa de Sidi Kacem).El aeroplano siniestrado era un "Convair Metropolitan CV-440, matrícula EC-ATH". Un elegante bimotor dotado de turbohélices, con tren triciclo y con una capacidad de 48 pasajeros.De los susodichos que viajaban en él, eran treinta de nacionalidad danesa, once suecos, dos ingleses, dos alemanes, un holandés, un norteamericano y un australiano. Sólo sobrevivieron tres personas: Mona Anderson, sueca (18 años), Tove Nielsen, danesa (46 años), y Erik Soderham (45 años) también de Dinamarca. Turistas que veraneaban en la Costa del Sol y aprovecharon este ocasional viaje para disfrutar de las delicias exóticas de Tánger.Todavía no se sabe, a ciencia cierta, cómo y por qué ocurrió éste desastre. El comandante piloto era don Pablo Briales, 4.590 horas de vuelo en la compañía 'Iberia', de ellas 2.948 en el mismo tipo de avión en el que encontró la muerte. El segundo piloto, don Honorio Diaz de Otázu, 4.366 horas en un "Convair Metropolitan CV-440". Y el mecánico, don Recaredo Suances, 3.992 vuelos en similar modelo de aeronave.También recordamos a las auxiliares de vuelo (azafatas): doña Rosario Delgado Bethencourt (27 años) y a doña Milagros Pérez Martínez (18 años) en su primer vuelo de prácticas.Como niño de once años entonces, recuerdo las comidillas y los pábulos relacionados con aquél siniestro. En esas edades (imbuidos por las películas de aventuras de catástrofes y naufragios que veíamos en los cines Alcázar y Capitol) sobre todo nos fascinaba el superviviente señor Soderham, a quién hacía algún tiempo se le había amputado el brazo izquierdo por enfermedad, y que logró mantenerse a flote gracias a su brazo ortopédico de látex; aunque, en las crónicas periodísticas oficiales decían que "se había agarrado a un madero" (¡Que falta de romanticismo!).Sólo nos faltaba, para nuestra imaginación excitada y desbordante de entonces, el asedio y hostigamiento de los tiburones que habíamos visto en aquella película del hundimiento del "USS Indianapolis" en el océano pacífico. ¡Cosas de chavales!.
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