Sí…, sucedió en Tánger.Fué un aterrizaje forzoso, barruntaban los paseantes playeros.Allí reposaba, con las ruedas hundidas en la arena, aquél avión herrumbroso.Le habían crecido a su sombra unos hierbajos silvestres; y en su cabina florecía un matojo de geranios que quizás una mano andaluza colocó allí…