He aquí un símbolo de nuestro Tánger en el recuerdo: la balsa.Os muestro, inicialmente, un dibujo (contrapicado de unas zambullidas) que hice en septiembre de 1971 (con rotuladores Carioca y lápices Caran d’Ache), al memorizar la impresión del agua tan transparente y la proeza de recoger un puñado de arena del fondo, lanzándonos desde la balsa (con sus bidones como flotadores y sus anclajes) y sin aletas… prueba de adolescentes para comprobar quién era más “machote”. En fin, cosas de la edad. Otra proeza, como rito de iniciación (el paso de la niñez a la adultez) era nadar desde la orilla hasta la balsa en marea alta. Si lo conseguías, ya eras un nadador en mayúsculas; como Burt Lancaster en aquella película de 1968: “The Swimmer”. Por añadidura, unas cuantas imágenes de aquellas balsas que se distribuían a lo largo del litoral de la playa municipal.