Rogelia Mamán, conocida como «Rogelie, mon amour ».Se casó a los dieciséis años y se dedicó a su casa. Para la época todas las mujeres sefarditas contraían matrimonio jóvenes y se dedicaban a sus esposos e hijos, como lo predica la Torá (libro sagrado del judaísmo). Solía ir a la sinagoga de Nahón, donde frecuentemente estaban las grandes y adineradas familias judías. La encantadora Rogelie nos cuenta un episodio de su viaje a Málaga por 1950, junto a su esposo y su hija Clarita, y lo llamativa que era para los españoles por su manera de vestir, como una mujer internacional: «Recuerdo una vez que un hombre se persignó al ver a mi hija con pantalones, te puedes imaginar eso», dice con una sutil risa en sus labios.Entre sus amistades que hoy ya no están, como la de Fatima Zorah, (prima hermana del rey Hassán II), con la que compartió cientos de té y obras de caridad.«En la Segunda Guerra Mundial, pocas eran las noticias que llegaban de lo que pasaba», cuenta luctuosamente Rogelia, salvada como muchos por vivir en el Magreb. Pero, más tarde, presenció la emigración de muchas de sus amistades judías que, por causa de la Guerra de Yom Kipur en Israel (1973), temieron quedarse en Marruecos y se marcharon a Francia, España, Israel, Canadá o América; ella, como algunos judíos, apostaron por seguir en Tánger… ¡eran marroquíes!, organizaba sus partiditas de bingo los martes en la casa, con Mercedita, la señora Levy, su amiga española Paquita Sanz, y Bercheva, la esposa del rabino; lee los libros de Corín Tellado, y de vez en cuando recibe chubaquías para la merienda (dulce típico marroquí) hecha por su vecina musulmana… ¡En fin, Tánger!(Cop y peg) https://revistamaguenescudo.wordpress.com/tanger-perfume-sefardi/